El sentido del trabajo

Trabajamos por dinero.

En principio, todos estamos de acuerdo con esta afirmación pero, ¿por qué a menudo nos encontramos con personas que tienen un buen trabajo, ganan bien y se sienten desgraciados? O con quienes echan innumerables horas, ganan poco y son de las personas más felices que conocemos en su trabajo.

Aunque el trabajo se percibe principalmente como un intercambio económico (obtengo una compensación monetaria a cambio de hacer algo), ésta es sólo una de las cuestiones que da sentido a nuestra actividad laboral.

A menudo las decisiones que tomamos en cuanto al trabajo están basadas en factores externos a nosotros: el salario, el estatus o la seguridad (¡que no me despidan!). Pero son recompensas que nos producen bienestar en el corto plazo. Esa satisfacción que generan, se diluye fácilmente en el tiempo, y tras una subida de sueldo, al poco tiempo seguimos igual de desanimados y sin ganas de “ir a trabajar”.

El secreto está en encontrar cuales son los factores internos, propios, que desencadenan nuestra motivación desde lo más profundo de nuestro ser. Aquellas cuestiones que activan nuestro motor, no importa cual sea la recompensa externa. Esos factores son nuestros intereses profesionales, nuestros valores y el sentido que tiene para cada uno de nosotros el trabajo.

¿Somos felices con lo que hacemos? ¿Nos sentimos realizados?

Para encontrar la felicidad en el ámbito profesional no es necesario escapar,  abandonar nuestro trabajo, salir corriendo, montar un chiringuito en el caribe y reinventarnos por completo. Conociéndonos mejor podemos readaptar nuestro propio trabajo, nuestro propio puesto y reajustarlo a nosotros mismos.

Conocer el sentido que tiene para nosotros el trabajo también nos ayuda a sobrellevar la situación de no trabajo. Nos ayuda a entender ese vacío, esa soledad, y esa frustración que llegamos a sentir. Nos proporciona un punto de partida para empezar a superar esa situación.

Para los profesionales de la orientación, conocer el sentido que otorga al trabajo la persona a la cual estamos acompañando nos ayuda a establecer un punto de partida. Nos ayuda a acompañar a la persona desde donde ella lo necesita, facilitándonos el adaptarnos a su ritmo y sus necesidades.

En el entorno empresarial, aplicar este conocimiento en las políticas de gestión de las personas puede abrir un abanico de soluciones creativas ante situaciones complicadas. Servirá para definir alternativas de motivación, diferentes a incrementos salariales o ascensos en la jerarquía. Ayudará a gestionar cambios organizacionales, donde las personas han de asumir nuevas funciones y procesos. Fomentará una mayor implicación de las personas en sus puestos de trabajo.

Si estamos trabajando nuestro proyecto profesional, conocer el sentido que para nosotros tiene el trabajo nos ayuda a definir un marco de actuación. Dará sentido a nuestros intereses profesionales, nuestros valores en el trabajo, nuestra historia de vida profesional con los porqués de cada decisión tomada, nuestras competencias profesionales, habilidades y nuestra experiencia laboral.

¿Cuál es el sentido del trabajo?

No son muchos los estudios que se han llevado a cabo en esta materia, pero los que se han realizado han resultado bastante concluyentes. Uno de los primeros fue el iniciado por Marie Yahoda en 1930, quien en un intervalo de 50 años realizó dos investigaciones llegando en ambos casos a la misma modelización del sentido del trabajo.

A partir del trabajo de Yahoda, el equipo de investigación de Human Research arranca una investigación propia en la que durante más de 10 años, entrevistan del orden de unas 1500 personas por año, de todos los niveles socioculturales y profesionales, procedentes de Europa, Norte de África, Oriente Medio y América. Sus conclusiones se traducen en una tipificación de las diferentes formas en las que vivimos nuestro trabajo.

Los planteamientos que se describen a continuación no son excluyentes, y en muchos casos una persona afronta su vida profesional desde más de una perspectiva.

¿QUÉ SENTIDO TIENE PARA MI EL TRABAJO?

El trabajo como refuerzo de nuestra identidad. El trabajo supone un lugar de relación y encuentro con otras personas. Buscamos en nuestro trabajo un grupo de iguales con el que sentirnos integrados y reflejados. No importa cuan efectivo, eficiente o profesional sea este equipo, lo que buscamos es el pertenecer, el formar parte de, el compartir y el sentirnos en cierto modo protegidos. El trabajo se convierte en un lugar de refugio para aislarnos de los problemas que tenemos “ahí fuera”.

Si perdemos el trabajo perdemos nuestra identidad. Nos sentimos desamparados y abandonados a nuestra suerte sin protección alguna.

El trabajo como una producción. El trabajo es ante todo estar haciendo algo. Tareas concretas y definidas en el tiempo. No hay espacio para la teorización o la investigación. Hay que “anar per feina”. Lo importante es estar produciendo. No importa el qué.

La pérdida de trabajo en este caso, se vive de manera angustiosa, ya que rápidamente aflora un sentimiento de improductividad: no sirvo para nada, porque no produzco nada. En muchos casos nos apresuramos a inundar el entorno de currículums, presentarnos a todo tipo de ofertas, sin contemplar el pararnos a diseñar un plan, un proyecto, a definir un camino. Aparece aquí el riesgo del agotamiento y la frustración: he hecho todo lo posible, y no he conseguido nada.

El trabajo como un resultado. Tengo un objetivo, he de cumplirlo. Me focalizo, me esfuerzo, compito para conseguir aquello que me he marcado. Bajo este planteamiento la persona necesita conocer el fin, el para qué de su trabajo.

Ante entornos laborales ambivalentes e indefinidos, donde el resultado aparece lejano en el tiempo y donde no somos capaces de darnos cuenta del valor que aportamos en la “cadena de producción”, nos sentiremos incómodos, insatisfechos, frustrados.

El trabajo como tiempo. El trabajo nos ayuda a ordenar nuestra vida. Nuestros momentos de ocio, nuestros momentos con la familia, nuestros momentos profesionales.

¿A cuantas personas conocemos que no saben estar de vacaciones? ¿no saben, o no pueden…? Siguen madrugando, intentan mantener sus horarios de oficina aunque no estén en ella. Sin el trabajo pierden el orden de su día… y de su vida.

El trabajo como un territorio. Un territorio en el que me expando, un territorio en el que domino, donde cada vez asumo más responsabilidades. Lugar donde me desarrollo profesionalmente y ejerzo influencia, de manera formal o informal, tengo poder y responsabilidad.

El trabajo como estatus. Soy alguien en la empresa, soy alguien en la vida. Mi actividad profesional es reconocida y valorada por la sociedad.

Si pierdo mi trabajo, ¿quién soy?

El trabajo es donde ejerzo como un profesional. Es donde pongo en uso al máximo todas mis capacidades, mis competencias. Es donde aplico un método, contemplo las normas establecidas, y realizo un trabajo bien hecho, como toca.

En muchos casos estas personas ante una pérdida de empleo buscan refugio en la formación, en un hobby, en alguna actividad donde se sienten realizados y afrontan su búsqueda de empleo de manera metódica y organizada.

 

 

 

 

 

 

 

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